EL GRITO DE GUERRA. Antes de que el balón empiece a rodar, hay un instante que no aparece en las estadísticas ni en el marcador, pero que dice mucho de un equipo: el grito de guerra. Ese pequeño ritual, en círculo, con las manos juntas y la voz al unísono, no es solo una tradición. Es una forma de sincronizar al grupo. Durante unos segundos, desaparecen los nervios individuales y aparece una idea común, "competir juntas". Desde fuera puede parecer algo simbólico, pero tiene efectos reales. Refuerza la cohesión, activa la concentración y marca el punto exacto donde el equipo deja de pensar y empieza a actuar. Además, el contenido del grito no es lo más importante, puede ser una palabra, una frase o simplemente un nombre. Lo clave es que sea compartido y repetido, debe crear identidad de grupo. En fútbol base, este gesto tiene aún más valor. Ayuda a las jugadoras a tener sentimiento de pertenencia al grupo, a perder el miedo escénico y a salir al campo con más confianza. El gr...
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